Inés Bello

Escritos

Entrevista en La Opinión A Coruña

En el contexto del día de la Salud Mental, participaré en la jornada que se celebrará el día 9 de Octubre en A Coruña bajo el título » ¿Quién cuida la salud mental de quienes cuidan? Compartimos vulnerabilidad, defendemos nuestros derechos». Por ello he tenido la grata oportunidad de conversar y compartir alguna idea de cómo mejorar la situación en las instituciones de salud mental.

https://www.laopinioncoruna.es/coruna/2025/10/05/trabajar-salud-mental-genera-estres-122278318.html

 

 

Salud mental y Psicoanálisis en la Institución: Una aproximación

Texto presentado en las XXVII Jornadas del ICF en A Coruña

Ante la propuesta de escribir un texto para estas Jornadas, me surgió la duda de qué es la salud mental. Habitualmente se cubre esa cuestión con la definición de la OMS. Busqué en el diccionario de María Moliner. En cuanto al término de salud hay varias acepciones:

  • Estado del organismo que no está enfermo. Circunstancia de los seres orgánicos por la que pueden estar más o menos sanos o estar enfermos.
  • Buen estado físico o moral de cualquier ser vivo o moral. Buen estado del espíritu.
  • Estado de gracia.
  • Salvación después de la muerte.
  • Una última acepción donde constan actos y expresiones corteses.

Con el término “mental”, la cuestión presenta matices. Para comenzar, indica “de la mente o de la inteligencia” y remite al lector a ver el término Mente, que tiene diferentes acepciones:

  • Facultad con la que se piensa. Así como inteligencia designa en el uso corriente de la palabra la potencia activa, que se aplica a conocer, comprender y razonar, “mente” designa más bien el aspecto pasivo de aquella facultad, el sujeto de estados o actitudes intelectuales. En consonancia con esta distinción, no se aplican a “mente” adjetivos de grado. Pueden, en cambio, aplicársele otros especificativos de estado o actitud.
  • También en consonancia con la distinción establecida, “mente” puede tener el significado de “intimidad” o “fuero interno”, significado que no tiene “inteligencia”.
  • De acuerdo con esta distinción en el uso de estas dos palabras, el catálogo que sigue es un complemento del de “inteligencia” en lo que se refiere a trastornos o alteraciones mentales. Aquí, el diccionario cita los diferentes trastornos mentales que constan en las clasificaciones diagnósticas internacionales.
  • Otra acepción es “Estar en”. Pensamiento. “Se me ha ido completamente de la mente que tenía que escribirte”.
  • Otra acepción. “Ser”: Intención o estado de ánimo: “Tendría que cambiar de mente para aceptar eso”.
  • Una última acepción. Actitud o disposición mental que se califica de alguna manera: “mente catastrófica”.

Las clasificaciones diagnósticas internacionales (CIE y DSM) toman como punto de partida la acepción de la inteligencia. Desde el psicoanálisis se tiene en cuenta también la otra acepción de la mente, lo que queda por fuera de la inteligencia. El psicoanálisis lacaniano no rechaza la clasificación diagnóstica ni la psicopatología. Es riguroso en ello, y la orientación del tratamiento, de la cura, es diferente en función de la estructura clínica del sujeto. El psicoanálisis va más allá del diagnóstico.

Es importante poder situarse ante una persona que sufre desde una posición de no saber. Esto es así para que esa persona pueda desplegar lo que sabe y lo que, de entrada, no sabe. Así, sin taponar su enunciación podremos tener otra escucha y sostener nuestra posición. Esta posición posibilita dar cabida a la intimidad del sujeto, a lo más íntimo que le habita, sabiendo de antemano, que hay un límite a esto, y que hay decisiones del ser que son insondables y por lo tanto, no se puede decir todo.

Hay que saber lo que se oye en la palabra, leer el inconsciente del sujeto. En palabras de Laurent, “A partir de la palabra, de la defensa original, que le da lugar a un primer desplazamiento, se puede construir con paciencia la cadena inconsciente, entre lo que siempre vuelve al mismo lugar y el sujeto que responde a ello”.

¿Hay lugar en la institución para la escucha analítica?

La manera de poder acceder al programa de trauma y disociación es a través de “criterios de derivación” que limitan la entrada “trauma”, “disociación”. Lo limitante no es del lado del significante. Por ejemplo, desde el psicoanálisis sabemos que el trauma de la sexualidad, del lenguaje en el cuerpo es inherente a todos. Todos cumpliríamos el criterio, sin embargo, en este caso, al ser un programa asistencial dentro de la institución, se trata de un criterio desemesiano que se tiene que acompañar de un diagnóstico: trastorno de estrés postraumático, duelo patológico, trastorno disociativo, entre otros. Es en esta cuestión en lo que es limitante, por la compartimentalización del sujeto. También desde el psicoanálisis sabemos que lo traumático es subjetivo, esto se contrapone a lo que se considera traumático en las clasificaciones diagnósticas internacionales, que hablan de hechos traumáticos universales o que en el imaginario social se considerarían eventos traumáticos. Esta comprensión del hecho traumático resulta confusa para la clínica, siguiendo a Enric Laurent, con respecto a este punto comenta “toda intrusión de la violencia, sea el terrorismo, el riesgo social, la violencia sexual, puede ordenarse por la categoría de trauma. En su extensión misma deja de lado la especificidad de los traumas. Es muy útil hacer estudios que permiten no poner en la misma categoría, sin prudencia, lo que se llama el trauma del holocausto, el trauma de los desaparecidos o el trauma de la violación. Estos no son de la misma categoría y no deja de ser necesaria la ubicación precisa de la función del Otro”.

La compartimentalización del sujeto no se produce únicamente en la dimensión diagnóstica y sintomática, sino también que se produce a la hora del tratamiento. Este dispositivo está pensado para el abordaje concreto del trauma y cierta sintomatología. Cuando la sintomatología postraumática, por ejemplo, ha cedido, el sujeto retoma el seguimiento en la USM de referencia. Por parte de la institución, se compartimentaliza al sujeto, obviándolo. Es un traslado del modelo médico especializado a la salud mental, cada vez más subespecializada, donde esa subespecialización favorece la confusión.

Esta compartimentalización tiene efectos en la institución. Favorece que existan protocolos, expertos, experiencia, en general “se despliegan muchos esfuerzos para volverse experimentado, se insiste mucho en eso”, indica Miller. La institución, al fin y al cabo, tiene una premisa y es “no hay que meterse demasiado” (Miller). Es una posición defensiva, hay que protegerse, ¿de qué? Podemos aventurar una respuesta. De lo real.

Miller señala que hay algo que se opone a la necesidad de sujeción, de control sobre el sujeto y esto es la sorpresa. “se necesita cierto deseo de sorpresa, de ser sorprendido. Y es preciso ese deseo de ser sorprendido para poder sorprender también. Se opone a esto una voluntad de control a cualquier precio, de sujeción”.

La sorpresa es estar abierto a recibir la sorpresa en eso que cuenta el paciente. De ahí la posición de no saber que posibilita esa apertura y esa escucha, diferente, orientada a lo real que habita al sujeto. La sorpresa indica algo de discontinuo, de ruptura.

Aunque la institución insiste en dividir al sujeto y sus síntomas, el psicoanálisis en la institución permite otra posición con respecto a esta cuestión. El psicoanálisis propone un tiempo para que el sujeto despliegue su saber. Ese espacio de escucha del psicoanálisis puede suponer una fisura en la institución que facilite otra aproximación al sufrimiento del sujeto, y de cuenta de cómo no aplastar la subjetividad. El tratamiento orientado hacia lo real del síntoma, el dejarse sorprender y sorprender a su vez, el aprovechar la oportunidad cuando se produce, esto es, hacer un acto a tiempo, puede generar efectos de no retorno en el sujeto.

Bibliografía:

Laurent, E. Psicoanálisis y salud mental

Miller, J.A. Los inclasificables de la clínica psicoanalítica

El analista en su acto y posición en la urgencia subjetiva

https://entradas.jornadaselp.com/umbrales/urgencias-subjetivas-en-instituciones/el-analista-en-su-acto-y-posicion-en-la-urgencia-subjetiva/

El analista en su acto y posición en la urgencia subjetiva

 
Texto publicado en el blog de las XXIII Jornadas de la ELP 
 
 

La apertura de un dispositivo nuevo en el que trabajo y la lectura de Grifoll, “Modos de presentación de la urgenciame han despertado la pregunta de ¿cómo abordar una descompensación clínica psicótica en la institución, estableciendo un corte al goce que desborda, desde la ética? 

La institución sanitaria está atravesada por la exigencia de la época de resolver rápidamente los fenómenos que emergen2, en ocasiones silenciándolos o anestesiándolos. En algunos casos, sobre todo de psicosis, la cadena significante “remisión sintomática” comanda las intervenciones de los profesionales en los dispositivos. Así pues, ante un desencadenamiento en la psicosis el objetivo prioritario es “resolver la urgencia médica vinculada al riesgo, a la seguridad para sí y para terceros”3. Lo que suele conllevar una valoración para su hospitalización. En este contexto la urgencia subjetiva queda relegada a otro momento. Sin embargo, en los dispositivos existen dificultades para “alojar a los sujetos que atraviesan esta problemática” de la urgencia4. Dificultad que quizás tenga que ver con la tendencia a no-saber de lo que le ocurre al sujeto, impidiendo así subjetivar la urgencia y permitir que deje de ser algo ajeno para él. Este no saber no-saber tiene una serie de implicaciones en el tratamiento del caso. En general, hay cierto temor a adentrarse y se aprecia cierto cariño por parte de los profesionales a hacer existir una “voluntad de control a cualquier precio, de sujeción”5. Así bien, se favorece el ser experto, tener experiencia, algo que incumbe a lo imaginario. Con eso el profesional se tropieza, “hasta el punto de haber llegado a regular su andadura sobre su exploración sistemática en el sujeto”6.

Esta exploración sistemática del sujeto lleva a la par un tratamiento protocolizado, sistemático, donde se establecen unos temas a abordar. Pudiese parecer que así se produce un acercamiento a la experiencia del sujeto, a su goce; sin embargo, “al hablar al paciente en su lenguaje, no por ello se le devolverá su palabra”7.

¿Cómo pensar esta sistematización? En ocasiones se puede entrever la angustia del profesional ante la ausencia de demanda del sujeto psicótico ya que él tiene el objeto a (sus voces, por ejemplo). “Y eso por lo cual ustedes están en su presencia justificadamente angustiados es porque el loco es el hombre libre”8. Posiblemente, esa angustia ha conllevado un aumento de enfoques de tratamiento donde en ocasiones habla más el profesional que el sujeto, donde la palabra de éste poco se tiene en cuenta. De esta manera, el tratamiento de la psicosis pasa por hacer de él algún tipo de segregación, ahora se les considera como objetos de estudio y no como “punto de interrogación a nivel de lo que remite a cierta relación del sujeto, a lo que sitúa al sujeto por relación a ese algo que calificamos de objeto extraño, parasitario, que es la voz, esencialmente”9.

Con toda la sistematización se acalla así la palabra del sujeto y también la angustia del profesional que se ve atravesado por ella en la relación con la psicosis. Este sentimiento particular ante el loco, Lacan anima a seguirlo “debería, en nosotros, constituir el progreso”10 de ocuparse verdaderamente del psicótico.

Teniendo en cuenta este marco, ¿cuál es el acto y posición del analista? La rigurosidad y la ética marcarán la respuesta al desprenderse del apresuramiento de concluir. Hay tiempo para realizar un diagnóstico que tenga en cuenta la singularidad que atraviesa al sujeto. Se elimina el temor a retroceder ante la psicosis siguiendo el propio deseo de desear la sorpresa, tanto de ser sorprendido como de sorprender. Sin olvidar que la sorpresa pertenece al neurótico y el enigma al psicótico. Para atravesar estas cuestiones, es necesario un cambio con respecto a la palabra del psicótico. Se acoge su palabra a través del silencio “Ese silencio que es el privilegio de las verdades no discutidas”11. Éste es el acto del analista, y como acto que es, supone un sujeto.

Con estas coordenadas se produce un cambio en relación al no-saber labrando un camino en el que “el análisis no puede encontrar su medida sino en las vías de una docta ignorancia”12.

inesbellopombo@gmail.com

Inés Bello es simpatizante de la ELP, sede de A Coruña de la comunidad de Galicia.

Notas:

  1. Grifoll, Carmen. “Modos de presentación de la “urgencia”. De la urgencia a la urgencia subjetiva”. 2024 . 
  2. Sotelo, María Inés. “Dispositivos para el tratamiento de las urgencias subjetivas”. 2015. 
  3. Ibid., Id. 
  4. Ibid., Id
  5. Miller, Jacques-Alain. “De la sorpresa al enigma”, Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 20. 
  6. Lacan, Jacques. “Variantes de la cura tipo”, Escritos 1 (1955 ed.). Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1985, p. 341. 
  7. Ibid., p.325. 
  8. Lacan, Jacques. “Breve discurso a los psiquiatras”. 1967. 
  9. Ibid., Id
  10. Ibid., Id
  11. Lacan, Jacques. “Variantes de la cura tipo”, op., cit., p. 313. 
  12. Ibid., p. 346.